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69/1. El 6…, ELLOS. Primera Parte

viernes, 12 de febrero de 2010 Comments off

ÉTICA & ESTÉTICA

Baluarte de la LIBRE Expresión

69/1. El 6…, ELLOS. Primera Parte

Espero que las Señoras se hayan mostrado disciplinadas y que no hayan abierto antes la segunda parte de este Introito que la primera. Porque en ese caso, no van a entender nada… Me explico.
Fuera de las unidades, todos los números que existen, desde el 10 al infinito, constituyen una unidad en sí misma, por mucho que estén formados por dos o varios números… Pero esta regla general ha sabido contemporizar con dos excepciones, obvias e indiscutibles, de número que aunque se presenten unidos a nuestros ojos, son y serán siempre, distintos e independientes. Y me estoy refiriendo a los números 22 y 69, a los que, en el primer caso identificamos con dos patitos y, en el segundo, con una de las figuras sexuales que cuentan con mayor aceptación y predicamento entre los seres humanos, hija de la necesidad natural que mujeres y hombres experimentamos de rendir una suerte de culto al ÓRGANO SEXUAL de la parte contraria, contribuyendo con ello a su mayor excitación y, por ende, a nuestro placer recíproco.
El Maestro que a mí me enseñó la Teoría del 69 (y otras muchas cosas más), fue aquel Merecumbé-Merecumbé al que me refería días atrás, en mi Loa nostálgica a Barcelona: el oficial administrativo de la empresa en la que inicié mi vida laboral, cuando tenía exactamente 15 años. La empresa se llamaba Servomecanismos, S. A. y aunque entré ella como aspirante administrativo, a los pocos días de incorporarme me enviaron al Taller que tenían en el barrio de Las Corts, junto al Campo del Barça, con el propósito de encomendarme tareas de mayor enjundia. Ya os las mencioné el otro día… Uno de esos cometidos, de bastante responsabilidad para un crío de 15 años, era el de ir de máquina en máquina, cronometrando los tiempos que todos y cada uno de los operarios empleaban en ejecutar el proceso de fabricación de cada una de las piezas del amplio catálogo de aquella empresa catalana, pionera en la fabricación de lo que hoy llamaríamos direcciones o frenos asistidos y entonces denominaban servodirecciones y servofrenos
Bueno, pues el caso es que los operarios del Taller (con los que me entendí siempre de maravilla), escandalizados por el hecho de que fuera virgen y, lo que era mucho más grave, que no quisiera dejar de serlo hasta que encontrase a la Mujer de mi Vida, consideraron que su deber ético era el de persuadirme de que existía un mundo maravilloso llamado SEXUALIDAD, que estaba llamado a procurarme satisfacciones sin cuento y que, por ende, debía empezar a explorar cuanto antes, una vez alcanzada la edad que ya tenía por entonces… Y me apresuro a rebajar vuestro escándalo con una apostilla necesaria: es cierto que tenía entonces sólo 15 años pero todo el mundo, sin excepción, me atribuía no menos de 19 ó 20. Entre eso y que estaba realizando un trabajo de hombre hecho y derecho, se entiende que aquellos buenos hombres se sintieran moralmente obligados a propiciar y canalizar (¡nunca mejor dicho!) mi despertar a la vida… Mi trabajo consistía en controlar los tiempos de torneros, fresadores, taladradores y demás operarios, con el fin de poder exigirles luego que mantuviesen siempre ese tiempo óptimo en la fabricación de todas las piezas que debían producir. Cosa que, obviamente, me obligaba a estar ojo avizor para que no me engañaran tardando más de lo debido en la fabricación de la pieza que marcaba la pauta, con el fin de trabajar luego más relajados en las restantes… Como me llevaba muy bien con ellos, que era la cuestión clave, ninguno intentó engañarme jamás y el Jefe de Taller, el Señor Sierra, se mostró siempre encantado y orgulloso de mi (como veis) delicado trabajo.
Bueno, pues resulta que en alguna ocasión que no estaba el Señor Sierra en su despacho Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es 

66. ¡RESISTIRÉ…! Loa nostálgica a Barcelona.

martes, 9 de febrero de 2010 Comments off

Ante todo, os ruego me disculpéis por ser tan zenutrio. No es la primera vez que sucede y ayer volvió a ocurrir. Como, para no tener que buscar los tipos de letra cada vez, copio cada día el título del día anterior y me limito a actualizarlo, pues sucede que algunos días que voy más «a matacaballo» de lo que ya es habitual, me olvido de modificar el número de orden de los Introitos, volviéndoos locos a vosotros que veis cómo algunos números se repiten, sin explicación alguna por mi parte. Bueno, pues la explicación es ésta: que soy un cretino y que el Introito de ayer domingo no fue el 64 sino el 65 y que, por otra parte, a las 5 ó las 6 de la mañana…, pues todos los gatos son pardos… Vosotros me entendéis… Ya me dice el castizo Potito todos los viernes, que me fije bien, pero -¡qué queréis-, no se puede estar en todo… Procuraré que no vuelva a suceder…
El Potito, por otro nombre Mister Poth, es el amigo más antiguo que tengo y, además, en todos los sentidos, porque él mismo es Antiguo a carta cabal y parece un personaje salido de una zarzuela, en la más pura línea del célebre Don Hilarión de La verbena de la Paloma… Pero es que, además, es antiguo porque nos conocemos desde que teníamos 3 ó 4 años, cuando ambos coincidimos en la clase de la admirable Hermana Rosa del Colegio de Las Carmelitas de Valladolid, que sigue estando ubicado donde ya estaba entonces, en la Plaza de Santa Cruz y frente al Colegio San José de los Jesuitas en el que ambos proseguimos nuestros estudios de Bachillerato. Y conste que mi madre, para que mi hermano Luis (año y medio mayor que yo) no fuera solo, me llevó al colegio ya desde los 2 añitos, programándome así para lo que después ha sido mi vida, dedicada íntegramente al estudio. Estoy hablando del año 1947 en que contadas mujeres trabajaban y cuando, por consiguiente, se llevaba a los niños al colegio a edades más avanzadas. Por otra parte, mi madre, con dos y hasta tres mujeres de servicio en casa (criadas, como se las llamaba entonces), no tenía ninguna necesidad de sacárseme de encima. En fin, el caso es que me envió al curro ya a los dos añitos, y nunca se lo agradeceré bastante porque aquello, sin la menor duda, ha contribuido a hacerme tan desaforadamente trabajador como me ha hecho. Idiosincrasia que no cambiaría por ninguna otra, ni siquiera por la de multimillonario
Aunque muchos que creen conocerme bien no se hayan enterado todavía, puedo afirmar de manera solemne y con rotundidad, que no he hecho otra cosa en la vida más que trabajar. Y de esto pueden dar fe mis ocho hijos y, por supuesto, aquellas que han sido mis mujeres y que, si se puede decir así, han sido las más perjudicadas por mi enardecida laboriosidad. Aunque a la postre eso las haya beneficiado (al igual que en el caso de mis hijos), porque haciendo bueno el dicho de que Fray Ejemplo es el mejor predicador, la estampa de Jorge (padre o esposo) trabajando a todas horas y no perdiendo el tiempo jamás, les ha marcado a todos para el resto de sus vidas.
En un Introito anterior ya mencioné que mi abuelo materno Luis San José Cano era el hombre Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es